Repartido - La gaya ciencia


"La gaya ciencia" 

Friedrich Nietzsche

109
¡Guardémonos!
Guardémonos de pensar que el mundo es un ser vivo. ¿Hacia dónde iba a extenderse? ¿De qué iba a alimentarse? ¿Cómo podría crecer y multiplicarse? Sabemos más o menos qué es lo orgánico: ¿vamos acaso a reinterpretar lo indeciblemente derivado, tardío, raro y casual que percibimos solamente sobre la corteza de la tierra en lo esencial, universal, eterno, como hacen los que llaman organismo al universo? Repugnancia me produce. Guardémonos ya de creer que el universo sea una máquina; es seguro que no está diseñado con vistas a una finalidad concreta, con la palabra «máquina» le tributamos un honor demasiado elevado...
El orden astral en el que vivimos es una excepción; ese orden y la duración, bastante larga... ha producido... la excepción de las excepciones: la formación de lo orgánico. Por el contrario, el carácter total del mundo es el de un caos eterno, caos no en el sentido de la falta de necesidad, sino en el de la falta de orden, estructura, forma, belleza, sabiduría y como quiera que llamemos a nuestras humanidades estéticas...
Guardémonos de achacarle dureza de corazón y sinrazón, o sus opuestos: ¡no es perfecto, ni bello, ni noble, y no quiere llegar a ser nada de eso, no aspira en modo alguno a imitar al hombre! ¡No lo afecta ninguno de nuestros juicios estéticos y morales! No tiene tampoco instinto de conservación ni ningún otro instinto; tampoco conoce ley alguna. Guardémonos de decir que hay leyes en la naturaleza. Hay solo necesidades: no hay nadie que mande, nadie que obedezca, nadie que transgreda. Cuando sabéis que no hay fines sabéis también que no hay casualidad: pues solo en referencia a un mundo de fines tiene sentido la palabra «casualidad»... ¡Cuándo dejaremos de pensar que algo cuida de nosotros o nos ampara! ¿Cuándo cesarán de oscurecernos todas esas sombras de Dios? ¡Cuándo habremos desdivinizado la naturaleza por entero! ¡Cuándo nos será lícito empezar a naturalizarnos, a nosotros los hombres, con la naturaleza pura, nuevamente encontrada, nuevamente redimida!

373
«Ciencia» como prejuicio
... Los investigadores [tienen]... fe en un mundo que debe tener su equivalente y medida en el pensamiento humano,... [en un] «mundo de la verdad» al que se pudiese poner bajo control de modo definitivamente válido con ayuda de nuestra rectangular y pequeña razón humana... ¿No os parece harto probable que sea precisamente lo más superficial y externo de la existencia —lo más aparente de ella, su piel y sensualización— lo primero que se deja captar?, ¿quizá, incluso, lo único que se deja captar? Una interpretación «científica» del mundo, tal y como vosotros la entendéis, podría seguir siendo, en consecuencia, una de las más estúpidas, es decir, una de las más pobres en sentido de todas las interpretaciones del mundo posibles... 
¡Un mundo esencialmente mecanicista sería un mundo esencialmente sin sentido! Si se estimase el valor de una música atendiendo a cuánto de ella puede ser contado, calculado, puesto en fórmulas, ¡qué absurda sería esa estimación «científica» de la música! ¡Qué se habría comprendido, entendido, conocido de ella! ¡Nada, absolutamente nada de lo que en ella es propiamente «música»!…

347
Los creyentes y su necesidad de fe
Cuánta fe necesita uno para desarrollarse bien, cuánto de «firme» que no quiere sacudir, porque se sostiene sobre ello, es un criterio para medir su fuerza (o, dicho con más claridad, su debilidad). El cristianismo, me parece, lo siguen necesitando los más en la vieja Europa, todavía hoy: por eso sigue encontrando fe. Pues así es el hombre: un artículo de fe podría estar para él refutado mil veces, pero en el caso de que lo necesitase lo tendría también una vez y otra por «verdadero»... La metafísica la necesitan además algunos; pero también aquel impetuoso anhelo de certeza que hoy descargan las grandes masas en la ciencia positiva, el anhelo de querer tener algo firme (mientras que, debido al ardor de este anhelo, la fundamentación de la seguridad se toma más a la ligera y descuidadamente): también este sigue siendo un anhelo de soporte, de apoyo, y sigue siendo, en suma, aquel instinto de la debilidad que, ciertamente, no crea religiones, metafísicas, convicciones de todo tipo, pero que sí las conserva. De hecho, todos esos sistemas positivistas están rodeados por el... desengaño,... anarquismo indignado y todos los demás síntomas o mascaradas de la sensación de debilidad... [Esto] muestra la necesidad de fe, de apoyo, de columna vertebral, de respaldo… Donde la fe es siempre más deseada, donde más urgentemente se la necesita, es donde falta voluntad... Es decir, cuanto menos sabe mandar uno, tanto más urgentemente desea que haya uno que mande, que mande con severidad, un dios, un príncipe, un estamento, un médico, un confesor, un dogma, una conciencia de partido... A la inversa, cabe pensar un placer y una fuerza de la autodeterminación, una libertad de la voluntad, en los que un espíritu se despida de toda fe, de todo deseo de certeza, experimentado como está en mantenerse sobre ligeras cuerdas y posibilidades y en seguir bailando incluso al lado de abismos. Un espíritu como ese sería el espíritu libre por excellence...

354
Del «genio de la especie»
... La persona, al ser el animal que corría más peligro, necesitaba ayuda y protección, necesitaba... saber hacerse entender, y para todo ello necesitaba... «saber» ella misma lo que le pasaba, «saber» cómo se encontraba, «saber» qué pensaba... [Pero] no tenemos órgano alguno para conocer... la «verdad»…
No «sabemos»... nada más que lo que pueda ser útil en interés del rebaño humano, de la especie: e incluso lo que aquí se denomina «utilidad» solamente es, en último término, una fe, algo imaginado, y quizá precisamente aquella fatídica estupidez que un día nos hará perecer...

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