Repartido Dalai Lama - "El arte de la felicidad"
Fragmentos entrevistas realizadas por Howard C.Cutler al Dalai Lama, recogidas en el libro
“El arte de la felicidad”
«Creo que el propósito fundamental de
nuestra vida es buscar la felicidad. Tanto si se tienen creencias religiosas
como si no, si se cree en talo cual religión, todos buscamos algo mejor en la
vida. Así pues, creo que el movimiento primordial de nuestra vida nos encamina
en pos de la felicidad.»
Con estas palabras, pronunciadas ante
numeroso público en Arizona, el Dalai Lama abordó el núcleo de su mensaje. Pero
la afirmación de que el propósito de la vida es la felicidad me planteó una
cuestión. Más tarde, cuando nos hallábamos a solas, le pregunté:
-¿Es usted feliz?
-Sí -me contestó y, tras una pausa,
añadió-: .Sí..., definitivamente.
Había sinceridad en su voz, de eso no cabía
duda, una sinceridad que se reflejaba en su expresión y en sus ojos.
-Pero ¿es la felicidad un objetivo razonable para la mayoría de
nosotros? -pregunté-. ¿Es realmente posible alcanzarla? -Sí. Estoy convencido
de que se puede alcanzar la felicidad mediante el entrenamiento de la mente...
Estamos hechos para buscar la felicidad. Y está claro que los
sentimientos de amor, afecto, intimidad y compasión traen consigo la felicidad.
Estoy convencido de que todos poseemos la base para ser felices, para acceder a
esos estados cálidos y compasivos de la mente que aportan felicidad -afirmó el
Dalai Lama-. De hecho, una de mis convicciones
fundamentales es que no sólo poseemos el potencial necesario para la
compasión, sino que la naturaleza básica o fundamental de los seres humanos es
la benevolencia.
-¿En qué funda esa convicción?
-La doctrina de la «naturaleza de Buda»
aporta fundamentos para creer que la naturaleza de todos los seres sensibles es
esencialmente benévola y no agresiva. Pero ese punto de vista también se puede
adoptar sin necesidad de recurrir a la «naturaleza de Buda». En la filosofía
budista, la «naturaleza de Buda» se refiere a la naturaleza fundamental, básica
y más sutil de la mente. Presente en todos los seres humanos, no puede
alcanzarse cuando hay emociones o pensamientos negativos. También baso esta
convicción en otros motivos. Creo que la cuestión del afecto y la compasión no
pertenece exclusivamente a la esfera religiosa, sino que es indispensable en
las consideraciones cotidianas.
»Si analizamos la existencia, vemos que
estamos fundamentalmente alentados por el afecto de los demás. Eso es algo que
se inicia ya en el momento de nacer. Nuestro primer acto después de nacer es
mamar de nuestra madre, o de alguna otra mujer. Hay en ello afecto y compasión.
Sin eso no podríamos sobrevivir, está claro. Y esa acción no puede realizarse a
menos que exista un sentimiento mutuo de afecto. El niño, si no nota
sentimientos de afecto, si no tiene vinculación con la persona que le da la
leche, es posible que rechace el alimentony si no hay afecto por parte de la
madre o de alguna otra persona, es posible que no se le ofrezca libremente la
leche. Así es la vida. Ésa es la realidad.
»Nuestra propia estructura física parece
corresponderse con los sentimientos de amor y compasión. Un estado mental
sereno y afectuoso tiene efectos beneficiosos para nuestra salud. Y, a la
inversa, los sentimientos de frustración, temor, agitación y cólera pueden ser
destructivos para ella.
»También observamos que nuestro equilibrio
emocional se robustece gracias a los sentimientos de afecto. Para comprenderlo
sólo tenemos que pensar en cómo nos sentimos cuando otros nos manifiestan calor
y afecto. También podemos observar cómo nos afecta acompañan conducen a una
vida familiar y social más feliz.
»Creo que podemos inferir de ello que
nuestra naturaleza fundamental es la bondad y el amor. Por tanto, nada tiene
más sentido que intentar vivir en concordancia con esta naturaleza.
-Si nuestra naturaleza esencial es amable y
compasiva -pregunté-, ¿cómo explica todos los conflictos y comportamientos
agresivos que nos rodean?
El Dalai Lama asintió, con gesto reflexivo,
antes de contestar.
-Naturalmente, no podemos pasar por alto el
hecho de que los conflictos y las tensiones existen, no sólo dentro del
individuo, sino también en la familia, en nuestras relaciones, nuestro país y
el mundo. Así pues, al abordar esta situación, algunas personas llegan a la
conclusión de que la naturaleza humana
es básicamente agresiva. Quizá miren la historia humana y sugieran que, en
comparación con otros mamíferos, el comportamiento humano es mucho más
agresivo. O quizá admitan: «Sí, la compasión forma parte de nosotros, pero la
cólera también. Ambas constituyen una
parte de nuestra naturaleza, ambas se encuentran más o menos al mismo nivel». A
pesar de todo -siguió diciendo con firmeza, adelantando la cabeza, tenso y
alerta, sigo estando convencido de que la naturaleza humana es esencialmente
compasiva y bondadosa. Ésa es la característica predominante. La cólera, la
violencia y la agresividad pueden surgir, ciertamente, pero creo que se
producen en un nivel secundario y más superficial; en cierto modo brotan cuando
nos sentimos frustrados en nuestros esfuerzos por lograr amor y afecto. No
forman parte de nuestra naturaleza básica.
»Así pues, aunque puede haber agresividad,
estoy convencido de que no proviene del sustrato humano fundamental, sino que
es más bien el resultado del intelecto, de la inteligencia desequilibrada, del
mal uso de ella, o de nuestra imaginación. Al contemplar la evolución humana, creo que, en comparación
con otros animales, nuestro cuerpo es muy débil. Gracias, sin embargo, al
desarrollo de la inteligencia, fuimos capaces de utilizar muchos instrumentos y
descubrir métodos de afrontar situaciones ambientales adversas. A medida que la
sociedad humana y las condiciones de vida fueron haciéndose más complejas, el
papel de la inteligencia y la capacidad cognitiva para satisfacer crecientes
exigencias cobró mayor importancia. Por tanto, creo que nuestra naturaleza
subyacente o fundamental es la afable, y
que la inteligencia viene de una evolución posterior. Y si la inteligencia y la
capacidad cognitiva se desarrollan de forma desequilibrada, sin ser
adecuadamente contrarrestadas por la compasión, pueden ser destructivas y
conducir alndesastre.
»Pero también es importante reconocer que
si bien los conflictos son originados por el mal uso de la inteligencia,
podemos utilizar ésta para descubrir medios que nos permiten superarlos. Al utilizar
conjuntamente la inteligencia y la bondad, todas las acciones humanas son
constructivas. Al combinar un corazón cálido con el conocimiento y la
educación, aprendemos a respetar los puntos de vista y los derechos de los
demás. Eso es el cimiento de un espíritu de reconciliación que sirva para
superar la agresión y resolver nuestros conflictos... Así que, por mucha
violencia que exista y a pesar de las penalidades por las que tengamos que
pasar, estoy convencido de que la solución definitiva de nuestros conflictos,
tanto internos como externos; consiste en volver a nuestra naturaleza humana
básica, que es bondadosa y compasiva...
Una vez que llegamos a la conclusión de
que la naturaleza básica de la humanidad es compasiva en lugar de agresiva,
nuestra relación con el mundo que nos rodea cambia inmediatamente. Ver a los
demás como básicamente compasivos en lugar de hostiles y egoístas nos ayuda a
relajamos, a confiar, a sentimos a gusto. Nos hace más felices.
Selección, edición y comentarios: profesor Pablo Causa
El libro completo fue recuperado de: https://www.munisanpedrodelloc.gob.pe/website/images/bibliotecavirtual/Dalai%20Lama/Dalai%20Lama%20-%20El%20Arte%20De%20La%20Felicidad.pdf
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