Allan Turing
(Inglaterra, 1912-1954)

Maquinaria computacional e Inteligencia
(1950)


Traductor: Cristóbal Fuentes Barassi, 2010,

1. El juego de la imitación.
Propongo considerar la siguiente pregunta:
“¿Pueden pensar las máquinas?”. Se debiera comenzar definiendo el significado de los términos
 máquina‟ y „pensar‟. Estas definiciones deberían ser elaboradas de manera tal que reflejen lo mejor posible el uso normal de estas palabras, pero una actitud así es peligrosa. Si el significado
de las palabras „máquina‟ y „pensar‟ proviene del escrutinio de cómo son usadas comúnmente, se
hace difícil escapar de la conclusión de que el significado y respuesta a la pregunta “¿pueden las
máquinas pensar?” debiera ser buscado en una encuesta estadística, tal como la encuesta Gallup. Pero eso es absurdo. En vez de intentar una definición así, propondré reemplazar esa pregunta por otra, la cual se encuentra estrechamente relacionada y que se puede expresar en palabras relativamente poco ambiguas.

La nueva forma del problema puede ser descrita en términos de un juego, el cual llamaremos “el juego de la imitación”. Se juega con 3 personas, un hombre (A), una mujer (B), y un interrogador
(C) de cualquier sexo. El interrogador se encuentra en una habitación distinta a la de los otros dos
participantes. El objetivo del juego para el interrogador es determinar cuál de los participantes
es el hombre y cuál es la mujer. Él los identifica con las etiquetas X y Y, y al final del juego él dice si “X es A y Y es B”, o “X es B e Y es A”. Al interrogador se le permite hacer preguntas tanto a A como B del tipo:

C: X, ¿Sería tan amable de decirme el largo su cabello?

Ahora, suponga que X es de hecho A, por lo que A debe responder. El objetivo de A en el juego es tratar de que C haga una identificación falsa. Por lo que su respuesta podría ser:

“Mi pelo está cortado en capas, y los mechones más largos tienen unos 20 centímetros”.

Para que los tonos de voz no ayuden al interrogador, las respuestas deben ser escritas, o mejor
aún, tecleadas. Las condiciones ideales deberían incluir un teletipo que comunique ambas habitaciones.
De manera opcional, las preguntas y respuestas podrían ser repetidas por un intermediario.
El objetivo de B en el juego es ayudar al interrogador. Probablemente, la mejor estrategia para ella sea dar respuestas verdaderas. Ella puede incluir en sus respuestas cosas tales como “Yo
soy la mujer, ¡no lo escuches!”, pero aquello no garantizaría nada ya que el hombre podría decir cosas similares.

Ahora hacemos la pregunta: “¿qué pasaría si una máquina asume el rol de A en este juego?” ¿Discriminaría equivocadamente el interrogador con la misma frecuencia con la que lo hace cuando el juego se juega con un hombre y una mujer? Estas preguntas reemplazan la pregunta original “¿pueden las máquinas pensar?”.
(…)

3. Las máquinas involucradas en el juego.
(…)
La respuesta breve es
que no estamos preguntando si todos los computadores digitales lo harían bien en el juego, ni
tampoco si los computadores disponibles en la actualidad lo harían bien, sino que si hay computadores imaginables que lo harían bien…
(…)

6. Perspectivas contrarias sobre la pregunta principal. Ahora podemos considerar que el terreno ha sido delimitado, y nos encontramos listos para proceder
con el debate sobre la pregunta “¿pueden pensar las máquinas?” y la variante de esta pregunta presentada al final de la última sección…

Creo que en un periodo de tiempo de 50 años será posible programar computadores… que puedan jugar el juego de la imitación de tal manera que el interrogador promedio no pueda obtener más de un 70 por ciento de posibilidades de hacer la identificación acertada luego de cinco minutos de preguntas. Con respecto a la pregunta original, “¿pueden las máquinas pensar?”, creo que no tiene mucho sentido como para merecer discusión. No obstante, creo que cuando lleguemos a finales de siglo, el uso de las palabras y la opinión educada general habrán cambiado tanto, que uno podrá ser capaz de hablar de máquinas pensantes sin esperar ser contradicho…

Ahora procedo a considerar opiniones opuestas a las mías.

6.1. La objeción teológica.
Pensar es una función del alma inmortal del hombre. Dios le ha otorgado un alma inmortal a cada
hombre y mujer, pero no a otros animales o máquinas. Por lo tanto, ningún animal o máquina puede pensar…
[En mi opinion] esto es mera especulación. No me impresionan mucho las discusiones teológicas, sea cual sea el tema. Tales discusiones han sido frecuentementeinsatisfactorias en el pasado. En los tiempos de Galileo, se discutía que los textos “    el sol se quedó quieto... y consideró no bajar por
un día” (Josué Cap. 10, v.13) y “Él puso los cimientos de la tierra, para que no se moviera en
ningún momento” (Salmos Cap. 105, v.5) eran una refutación adecuada para la teoría de Copérnico. Con nuestro actual conocimiento, tal argumento parece fútil. Cuando ese conocimiento no
estaba disponible, causaba una impresión muy diferente.

6.2. La objeción de las “cabezas en la arena”.
“La consecuencia de que las máquinas piensen sería demasiado espantosa. Esperemos y creamos que no lo pueden hacer”.

Este argumento es rara vez expresado tan abiertamente como recién se plantea. Pero afecta a la
mayoría de los que pensamos en ello. Nos gusta creer que el hombre es sutilmente superior al resto de la creación. Es mejor si se puede demostrar que es necesariamente superior, ya que entonces no hay peligro de que pierda su posición de mando. La popularidad del argumento teológico está claramente conectada con esta sensación. Es probable que sea bastante fuerte entre los intelectuales, dado que ellos valoran el poder de pensar más que otros, y están más inclinados a basar su creencia en la superioridad del Hombre en base a este poder…

6.3. La objeción Matemática.
Hay varios resultados en la lógica matemática que pueden ser usado para mostrar que existen limitaciones para los poderes de una máquina…
La respuesta breve a este argumento es que, aunque se establece que hay limitaciones para el poder
de cualquier máquina, solo se ha dicho, sin ningún tipo de prueba, que tales limitaciones no se aplican al intelecto humano…
Con bastante frecuencia respondemos equivocadamente como para justificar algún tipo de satisfacción…
En pocas palabras… puede que haya otras máquinas aún más inteligentes, y así consecutivamente…

6.4. El argumento desde la conciencia.
Este argumento se encuentra muy bien expresado en la disertación de la Medalla de Lister del profesor Jefferson en 1949, de donde cito: “Hasta que una máquina pueda escribir un soneto o componer un concierto debido a las emociones y pensamientos que tuvo, y que no sea debido al uso de símbolos al azar, podremos estar de
acuerdo que máquina es igual a cerebro es decir, no sólo que lo escriba, sino saber que lo escribió. Ningún mecanismo podría sentir (y no sólo una mera señal artificial, cosa fácil de hacer) placer por sus éxitos, sentir pesar cuando se le funde una válvula, sentirse bien con un halago, sentirse miserable por sus errores, estar encantado por el sexo, estar enojado o deprimido cuando no consigue lo que quiere.”

… De acuerdo a la forma más extrema de esta visión, la única manera con la cual uno podría estar seguro de que una máquina piensa es ser la máquina y sentir su propio pensamiento... De manera similar, de acuerdo a esta visión, la única
manera de saber que un hombre piensa es ser ese hombre en particular. Éste es el punto de vista de solipsista. Esa sería la visión más lógica de sostener, pero hace difícil la comunicación de las ideas. A está inclinado a creer “A piensa pero B no”, mientras que B cree “B piensa pero A no”.

En vez de argumentar continuamente contra este punto, lo usual es tener la convención educada de que todos pensamos.

Estoy seguro de que el profesor Jefferson no quiere adoptar el punto de vista extremista del solipsismo. Probablemente él se encontraría dispuesto a aceptar el juego de la imitación como una prueba… Creo que…  [se refiera a] una máquina [a la que] se le incluye la grabación de alguien que lee un soneto, con un interruptor apropiado para prenderlo de cuando en cuando.

En pocas palabras, creo que aquellos que apoyan el argumento de la conciencia podrían ser persuadidos de abandonarlo en vez de forzar una
posición solipsista. Probablemente, estarán dispuestos a aceptar nuestra prueba.

No quisiera dar la impresión de que creo no hay un misterio con respecto a la conciencia. Hay, por ejemplo, algo así como una paradoja en conexión con cualquier intento de localizarla. Pero no creo que estos misterios deban ser resueltos antes de
que podamos responder la pregunta que concierne a este artículo.

6.5. Argumentos desde las discapacidades múltiples.
Estos argumentos toman la forma “Te aseguro que puedes hacer máquinas que hagan todas las
cosas que dices, pero nunca podrás hacer una que sea capaz de X”. Varias características de X se sugieren en relación a esto. Yo mismo ofrezco una selección:

Ser amable, ingenioso, hermoso, amigable, tener iniciativa, tener sentido del humor, diferenciar lo correcto de lo incorrecto, cometer errores, enamorarse, disfrutar las fresas con crema, hacer que alguien se enamore de él, aprender de la experiencia, usar las palabras apropiadamente, ser sujeto
de sus propios pensamientos, tener tanta diversidad de conductas como un hombre, hacer algo realmente novedoso.

Usualmente no se ofrece ningún soporte a estos enunciados. Creo que la mayoría se basan en el principio de inducción científica. Un hombre ve miles de máquinas en su vida. Y de acuerdo a lo
que ve, saca una cantidad de conclusiones generales. Son feas, se diseñan con un propósito muy limitado, y cuando se les requiere para una cosa ligeramente diferente, no sirven, la variedad de conductas es muy poca, y así sucesivamente. Naturalmente, un hombre concluye que estas son  en general propiedades necesarias de las máquinas. Muchas de estas limitaciones se encuentran asociadas a la poca capacidad de almacenamiento de la mayoría de ellas …  Algunos años atrás, cuando no se sabía mucho sobre los computadores digitales, había mucha incredulidad con respecto a ellos, si es que alguien mencionaba sus propiedades sin describir su construcción. Presumiblemente, eso se debía a una aplicación similar del principio de inducción científica. Estas aplicaciones del principio son, por supuesto, inconscientes en su mayoría. Cuando un niño con quemaduras le teme al fuego y demuestra su miedo evitándolo, yo podría decir que él está aplicando
inducción científica…

Sin embargo, se pueden hacer comentarios especiales acerca de las muchas discapacidades que
han sido mencionadas.

La incapacidad de disfrutar las fresas con crema podría sorprender al lector dada su frivolidad. Posiblemente, se podría hacer una máquina que disfrute este delicioso plato, pero cualquier intento de crearla sería estúpido.

La declaración de que “las máquinas no pueden cometer errores” parece curiosa. Uno es tentado
a responder “¿son peores por eso?”. Pero adoptemos una actitud un poco más comprensiva, y
veamos que quiere decir realmente. Creo que esta crítica puede ser explicada en términos del juego de la imitación. Se sostiene que interrogador podría distinguir simplemente la máquina del hombre
al plantearle una cantidad de problemas aritméticos.
La máquina sería desenmascarada dado su altísima eficacia. La respuesta a esto es simple. La máquina (programada para jugar el juego) no intentaría dar la respuesta correcta a los problemas aritméticos. Deliberadamente, cometería errores de manera calculada para confundir al interrogador…

La aseveración de que una máquina no puede ser objeto de su propio pensamiento sólo puede ser respondida si se puede mostrar que la máquina posee algún pensamiento…
Si, por ejemplo, la máquina estuviera tratando de encontrar una solución para la ecuación “x al cuadrado, menos 40x, menos 11; es igual a 0”…la máquina puede sin lugar a dudas ser el objeto de su propio pensamiento. Podría ser usada para ayudar a crear sus propios programas, o para predecir el efecto de las alteraciones en su propia estructura.
A través de la observación de resultados de su propia conducta, podría modificar sus programas de manera tal de alcanzar algún propósito de manera más efectiva. Éstas son más bien posibilidades para el futuro cercano que sueños utópicos.

La crítica que refiere a que una máquina no puede tener una gran variedad de conductas es sólo una manera de decir que no puede tener una gran capacidad de almacenamiento. Hasta hace poco, la capacidad de almacenamiento de incluso mil dígitos era muy rara.

Las críticas que estamos considerando acá son con frecuencia formas disfrazadas del argumento desde la conciencia…

6.6. La objeción de Lady Lovelace.
… Lady Lovelace (1842)… sostiene que “la Máquina Analítica no tiene pretensiones de originar nada. Puede hacer cualquier cosa que sepamos ordenarle que haga” …
Hartree… añade: “esto no implica que no sea posible construir un equipamiento electrónico que podrá pensar por sí mismo‟… Pero no parece que las máquinas construidas o proyectadas en ese momento pudieran tener esta propiedad”.

Estoy completamente de acuerdo con Hartree.
Uno podrá notar que él no asevera que las máquinas en cuestión no tuvieran la propiedad, sino
que la evidencia disponible para Lady Lovelace no la alentaba a creer que la tuvieran.

Una variante mejor a la objeción dice que una máquina nunca puede “sorprendernos”. Esta declaración es un desafío más directo y puede ser enfrentada más directamente. Las máquinas me sorprenden con gran frecuencia…

6.8. El argumento desde la informalidad de la conducta.
No es posible producir una lista de reglas que pretendan describir lo que un hombre debiera
hacer en cada circunstancia concebible. Uno podría, por ejemplo, tener una regla en la que se
debe parar cuando alguien ve un semáforo en rojo, y de seguir si alguien ve la luz verde; pero,
¿qué pasa si por alguna falla, ambas luces aparecen juntas?...
El intento de proveer reglas de conducta para cubrir cada eventualidad, incluso aquellas que se producen por los semáforos, parece imposible. Estoy de acuerdo con todo esto.

Dado lo anterior, se dice que no podemos ser máquinas.
Trataré de reproducir el argumento, pero me temo que no podré hacerle justicia. Pareciera que es algo así: “Si cada hombre tuviera un grupo determinado de reglas de conducta por las cuales él regulara su vida, no sería más que una máquina. Pero no existen tales reglas, así que los hombres no pueden ser máquinas”…

Sin embargo, podría haber una cierta confusión entre las “reglas de conducta” y las “leyes de comportamiento”. Se entiende por “reglas de conducta” los preceptos tales como “detenerse si uno ve una luz roja”, sobre las cuales alguien puede actuar, y de las cuales se está consciente. Por “leyes de comportamiento” me refiero a las leyes de la naturaleza aplicables al cuerpo de un hombre, tales
como “si lo pinchas, va a chillar”. Si substituimos “reglas de conducta que regulan su vida” por “leyes de comportamiento que regulan su vida” en el argumento citado con anterioridad, la falacia deja de serlo. Pues no solamente creemos que ser regulados por leyes de comportamiento implica
ser cierto tipo de máquina (aunque no necesariamente una [computadora]), sino que recíprocamente, ser tal máquina implica ser regulado por tales leyes…

6.9. El argumento desde la percepción extra-sensorial.
Asumo que el lector se encuentra familiarizado con la idea de percepción extra-sensorial, y del significado de sus cuatro términos, que son telepatía, clarividencia, precognición y psicoquinesia.
Estos fenómenos perturbadores parecieran ir en contra de todas nuestras ideas científicas usuales.
¡Cómo nos gustaría desacreditarlos! Desafortunadamente, la evidencia estadística, al menos
para la telepatía, es abrumadora. (…)

Si se admite la telepatía, será necesario afinar nuestra prueba. La situación podría ser considerada como análoga a lo que ocurriría si el interrogador estuviera hablando consigo mismo en voz alta y uno de los competidores estuviera escuchando con su oído en la pared. Poner a los
competidores en una “habitación a prueba de telepatía” bastaría para cumplir todos los requerimientos.

Comentarios